Los ataques y el acoso a los voluntarios no amedrentan a Zaporeak en Chíos

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Desde hace unas semanas las cocinas de los voluntarios del Proyecto Zaporeak en Chíos han recibido diferentes ataques por parte de desconocidos. “Primero desconectaron durante una semana la corriente eléctrica por la noche para que nuestra comida se pusiera mala. Después entraron por la noche para arruinar las raciones de comida que teníamos listas. Días después, echaron pegamento en las cerraduras”, explican sus responsables.

Los ataques sufridos hasta ahora no han puesto en peligro el proyecto, pero todo cambió el pasado lunes. “El hostigamiento fue a más cuando alguien colocó un conejo muerto, con la tripa abierta, en la puerta de nuestro almacén”. Por si esta amenaza no fuera suficiente, la impunidad de los que quieren echar a los voluntarios de Chíos ha ido a más, y una de las voluntarias “fue seguida por dos vehículos durante una hora” ese mismo día.

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Los responsables explican que la mujer “había bajado en coche a la ciudad de Chíos para encontrarse con algunos refugiados con los que quería hablar. Al salir de la ciudad, se dio cuenta de que dos coches la seguían e intentó coger el camino a los apartamentos donde nos alojamos cuando fue bloqueada por los vehículos y la obligaron a tomar otra dirección. Ella no quiso detener su coche por miedo a lo que pudiera pasar y al ir sola tampoco pudo llamar a la policía”. El acoso continuó una hora y pasado ese tiempo la voluntaria llegó “a una zona costera cercana a los apartamentos y se refugió en un bar para sentirse segura y llamar”.

Para los responsables del Proyecto Zaporeak, esta forma de actuar les haces sospechar que se trata de una acción “planificada pues esperaron a encontrar a un voluntario sólo”. Tras lo ocurrido, han aconsejado al resto de personas del grupo que “nunca vaya sin compañía y que haga lo posible incluso por moverse en convoy de dos vehículos”.

El Proyecto Zaporeak lleva seis meses en la isla de Chíos, lugar al que cada día llegan centenares de refugiados que huyen de la guerra. Su labor se ha centrado en alimentar a todas esas personas que han llegado hasta la costa. El Proyecto Zaporeak “trabaja desde antes de la crisis de refugiados y seguirá existiendo con la idea de ayudar en Grecia aunque en algún momento nos veamos obligados por las presiones externas a cerrar la cocina de Chíos”, aseguran.

Los hechos ocurridos el pasado lunes han sido denunciados ante la policía griega. Asimismo, los responsables del Proyecto Zaporeak han puesto en conocimiento de la embajada lo ocurrido y “la preocupación que tenemos”. Aun así, aseguran que “seguiremos trabajando a diario por los habitantes de los campos de Souda y Dipethe, se lo merecen”.

Los asaltantes tiraron los productos al suelo. /Facebook ZaporeakProiektua
Los asaltantes tiraron los productos al suelo. /Facebook ZaporeakProiektua

Los responsables son conscientes de que “el problema puede que se solucione o que continúe porque a la vez hay que entender que la población local está sufriendo el paro y la pobreza de los últimos años en Grecia. Y ahora se sienten abandonados por Europa”.

Pese a lo ocurrido y los actos de bandalismo que están sufriendo, hacen hincapién en que han salid “reforzados de estos hechos puesto que tanto desde Euskadi como desde España y Chíos, todos los voluntarios nos apoyan y denuncian este tipo de situaciones”.

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